martes, 18 de noviembre de 2014

Manuel Shevchenko

Mis novelas tienen muchísimo éxito… Vendo cientos de miles de ejemplares en la primera semana de ponerse a la venta… Es increíble… yo todavía no me acostumbro… sobretodo porque las críticas de mis libros siempre son muy malas: que si mis personajes no tienen rostro… que si no doy detalles de los paisajes… que si las conversaciones son absurdas… que si uso mucho los puntos suspensivos… y muchas otras cosas negativas. Que yo recuerde, nadie ha escrito algo positivo sobre mis novelas… A mí las críticas me importan un bledo… sobretodo cuando veo mi cuenta corriente… Ja, ja, ja… Es broma… Lo de la cuenta corriente está bien, pero lo que más me hace despreciar las críticas es cuando mis lectores me paran por la calle y me cuentan sus emociones al leer mis novelas… Normalmente son gente maravillosa y me siento orgulloso de tenerlos entre mis lectores… Ja, ja, ja… Esto también es broma… A mí me importa un bledo quién me lea o no me lea… Yo escribo y los demás que hagan lo que quieran… Ja, ja, ja… Es broma… En realidad me hago el duro… Sí que me importan las críticas… también me gusta que mis lectores reconozcan la sensibilidad de mis libros… aunque algunas personas son un poco exageradas y se imaginan cosas que ni siquiera han pasado por mi cabeza… Me preguntan cosas como: ¿qué ha querido decir con esta o aquella frase?… Yo les digo que da igual, que lo que ellos se imaginan es lo que cuenta… pero no se conforman con eso y siguen queriendo saber por qué tal o cual personaje desaparece de repente y no vuelve a aparecer más… que es algo que hago muy a menudo… Me encanta hacer desaparecer a los personajes… Es como un hobby.

Manuel Shevchenko. escritor.




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martes, 11 de noviembre de 2014

Ignatius Caulfield 2

A veces pienso que estoy escribiendo esta novela con algún propósito que no tiene nada que ver con la literatura, que cuando la termine me convertiré en adulto de repente y me marcharé de esta casa. Hace tiempo que pienso en ello, en la conversación que tendré con mi madre antes de marcharme.

—Me voy, mamá.
—¿Dónde? Es la hora de cenar.
—Me voy de casa, mamá.
—Pero no puedes irte. Es la hora de cenar.
—Me voy de casa para no volver.
—Pero tienes que volver, aún no has cenado.
—Me voy de casa para siempre, mamá, quizá no volvamos a vernos.
—Pero, ¿y la cena?, ¿no has visto el reloj? Es la hora de cenar.
—Adiós, mamá.
—Pero no puedes irte. He hecho croquetas.

Después, me dirigiré a la estación de tren y cogeré el primero que venga. Que me llevará a una gran ciudad. Allí me convertiré en un escritor bohemio y solitario y viviré austeramente en los bajos fondos. En el barrio más sucio y maloliente. En un edificio destartalado de seis plantas sin ascensor lleno de camellos, jonkies, prostitutas y personajes así. Dormiré en una minúscula habitación con grandes manchas de humedad por las paredes, un catre, un lavamanos mugriento, una silla, una mesa y una lamparita con una bombilla amarillenta que parpadeará cada diez segundos. El resplandor de las luces de neón de un club de striptease entrará impertinentemente por la ventana durante toda la noche invadiendo mi intimidad. Conoceré todos los antros del barrio y seré un personaje más dentro de un mundo de artistas malditos. Viviré aventuras imposibles y escribiré las novelas más incomprendidas de la historia de la literatura. Posiblemente muera de cirrosis. Eso aún no lo tengo pensado. 

Lo que acabo de escribir es una exageración, claro, pero les juro que a veces pienso que es lo que quiero hacer.

Ignatius Caulfield



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lunes, 10 de noviembre de 2014

Tristeza

Piso 156 Puerta 1

Aquí vive Tristeza… Hace unos años compartía piso con Alegría, su mejor amiga… pero se cansó de tanto drama y se fue a vivir con su tío Jolgorio, en el 59º 2ª… Tristeza sintió un inmenso placer… y se dio cuenta de que regocijarse en su desgracia daba sentido a su vida… Desde aquel día, pasaron por el piso muchas más: Felicidad, Primavera, Amistad, Ternura, Libertad… Todas la dejaron… y cada vez se siente mejor… Ahora vive con Amor… Está deseando que la abandone para poder llegar al éxtasis.



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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Alicia Misiaszek

Alicia Misiaszek es filóloga… Es famosa por encontrar palabras arcaicas escondidas debajo de las piedras… Cuando encuentra una, se la mete en la boca y la lleva hasta las oficinas de la Gran Academia de la Lengua Infinita, en el 42º 5ª, donde las pronuncia… siendo acepatadas inmediatamente e incluidas en el Gran Diccionario Infinito… 

Estos son sus últimos hallazgos: 

Reventachoffar: Morir chafado por una roca. 
Adoquinquilino: Dícese de la persona que vive debajo de una piedra. 
Vocamineralizar: Hablar con acento rocoso.
Granitrínseco: Que es propio o característico de una piedra.
¡Cronchffff!: Onomatopeya del quejido o suspiro, al ser chafado por una roca.
Piedrense: Natural de Peñapiedra del Pedrusco.
Despetrificar: Desorprender a alguien. Desimpresionar. Desaterrorizar.
Piedróleo: Líquido viscoso anterior al petróleo.
Piedrambolesco: Que es difícil de creer por ser excesivamente granitrínseco.
Filopedrusquear: Buscar palabras debajo de las piedras.

Alicia Misiaszek Piso 128 puerta 6



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martes, 4 de noviembre de 2014

Carolina Espinazo

Piso 131 Puerta 3

Carolina Espinazo tiene 85 años y vive sola… Acaba de resbalar al intentar entrar en la bañera y se encuentra tumbada en el suelo sin poder moverse… Grita pidiendo ayuda, pero se da cuenta de que nadie la oirá hasta que su vecino no baje la música… 

Tumbada en el suelo recuerda cuando, de niña, iba a bailar a las verbenas de su pueblo… Recuerda a “Pepa”, su muñeca de trapo… Las monjas del colegio que le hacían la vida imposible… A su padre llevándola en su tractor a visitar a sus amigas… Su madre levantándola de la cama cariñosamente… El día en que conoció a Gregorio Burlesque, que después sería su marido… Sus primeras vacaciones en la playa… La luz de la mañana que entraba a través de la ventana de su habitación… Los días de lluvia… Las tormentas de verano… Las barbacoas con sus amigos… La muerte de sus padres… La tarde en que llegaron a la ciudad huyendo de la miseria… La tristeza que sintió al abandonar su pueblo… El nacimiento de su primer hijo, Juan… su primera sonrisa… el delicado tacto de su cuerpo… la torpeza de los primeros días… la angustia de ser madre… La noche en que Gregorio le dijo que se iba a vivir con otra mujer… la desorientación… las lágrimas derramadas en la almohada… Recuerda a Julio Rondalla, su segundo marido, entrando en su casa con la excusa de pedirle un poco de sal… su carácter alegre… sus fuertes brazos… la felicidad infinita que sentía a su lado… El nacimiento de su otra hija, María… tan preciosa… tan gordita… “Albondiguilla”, la llamaba su padre… El coche
de segunda mano que se compraron… de un color rosado horroroso, pero al que cogieron un especial cariño… La difícil adolescencia de Juan… su rebeldía… La tos de su marido por las noches… Las visitas al doctor… La enfermedad de Julio… irreversible… su adiós… La soledad de aquellos días… la confusión… El principio de la primavera cuando cumplió 50 años… Aquel rayo de sol que entró por la ventana de la cocina y que ella vio como una señal… Se vistió apresuradamente, cogió el autobús y volvió a su pueblo… Recordó el día en que le dieron las escrituras de aquel terreno que había sido de su padre… cuando plantó las primeras hortalizas… cuando recogió sus primeras lechugas… El sabor de los tomates que le dieron la idea de montar un negocio de agricultura biológica… La suerte que tuvo de encontrarse un día, por casualidad, con Rigoberto Dandy, que, como ella, andaba buscando la felicidad… La noche en que hicieron el amor por primera vez… La sensación de euforia en un cuerpo que creía marchito… La llegada de otro invierno… las excitantes primaveras… los asfixiantes veranos… y aquel otoño lúgubre… cuando Rigoberto, diez años mayor que ella, se hizo viejo de repente… Una nueva despedida… 

Y ahora recuerda, tumbada en el suelo del baño, el más extraño de los sucesos que le han ocurrido en su vida… cuando, esta mañana, se levantó y se encontró viviendo aquí, en este rascacielos… sin saber cómo ni por qué había llegado a este extraño lugar… y planteándose si la vida que ella recordaba era real… o simplemente había sido un sueño. 

La respuesta a esa pregunta se ha convertido en el sentido de su vida… mientras la música de su vecino sigue retumbando en las paredes.



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Ignatius Caulfield

Esta mañana me ha pasado algo inesperado mientras hacíamos el examen de lengua en el instituto. Por un instante, me he enamorado de Jane, una chica que llegó hace unos días. Parece ser que tuvo algún problema en su antiguo colegio y tuvo que incorporarse a mitad de curso. Unos dicen que ha cambiado de instituto porque su padre es militar, y otros dicen que tuvo un desliz con un profesor o algo así. La gente siempre está diciendo cosas. 

Jane estaba sentada a mi izquierda, en su pupitre, concentrada en el examen, como todos. No sé muy bien por qué me he quedado observándola embobado. Quizá ha sido porque la luz de la calle la iluminaba a contraluz y la silueta de su rostro quedaba perfectamente dibujada en la ventana. Era una imagen preciosa. Mientras la miraba, el cielo ha empezado a nublarse, la luz del exterior ha ido menguando y, poco a poco, su rostro ha ido apareciendo como por arte de magia ante mis ojos. Ha sido como si alguien estuviese revelando una de esas fotos instantáneas delante de mis narices. Jane estaba preciosa mirando su examen con expresión melancólica, lo miraba como si en aquel examen alguien hubiese escrito un poema. Ha suspirado y se ha llevado el lápiz a la boca. De repente, un pequeño resplandor ha surgido de sus labios y sus ojos han brillado al unísono. 

En ese instante me he enamorado de ella.

Ignatius Caulfield.




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lunes, 3 de noviembre de 2014

Diario de Jhonny Comadreja

Día 35

Llevo 21 días cabalgando por el desierto y no hay ni rastro del Escritor… He tenido que sufrir todo tipo de peligrosas escenas buscándolo… Me crucé con una caravana de nuevos colonos y casi me tengo que casar con la hija de Abraham O’connor, un pastor evangelista de 150 kilos obsesionado por coleccionar cabezas de serpiente (se me ocurrió mirar a su hija durante 3 segundos)… Tuve que soportar dos ataques de los indios Tamajarax… En uno de ellos, me acorralaron y, cuando ya no tenía escapatoria, se me ocurrió buscar en mi mochila… Encontré un disfraz de payaso, me lo puse y quedaron totalmente desconcertados… Escapé aprovechando la confusión… Participé en el atraco a un banco, estuve a punto de ser ahorcado, me crucé con dos estampidas de caracoles y otras dos de conejos… En la última, capturé a uno de ellos y lo interrogué… pero no me supo decir nada del Escritor… Me dijo: “No lo sé, solo soy un conejo… yo solo participo en estampidas… tengo que correr y correr… nunca me entero de nada… Por favor, no me mates”… Pero lo maté… En ese momento, me di cuenta de que llevaba mucho tiempo sin probar bocado, y me lo comí… Se repitieron las escenas donde pistoleros sin escrúpulos me retaban a un duelo… Utilicé el mismo truco que hice servir con Dakota… les dije aquello de “Te quiero” y se quedaron sin palabras… pero el último se enamoró de mí y me propuso matrimonio… Tuve que dejarlo plantado a los pies del altar… He conducido
diligencias, he tenido que trabajar en la construcción del ferrocarril, en las minas de oro, en un rancho… Me tuve que enrolar en la caballería del ejército y participar en la batalla de Butcherburg… Atravesé campos repletos de cadáveres… Miraba sus rostros por si alguno de ellos era el Escritor… pero, por suerte, no estaba allí… Solo escuchaba sus lamentos… “Estoy harto de esta escena”, “Quiero cambiar de novela”, “¿Alguien tiene un pitillo?” y cosas así… Fui apresado por los Confederados y estuve a punto de ser fusilado… Menos mal que cuando me preguntaron por mi último deseo, les dije que quería darle un beso en el culo al General McFlanders… Se quedaron sin argumento y me dejaron ir…

Durante mi travesía por el desierto he preguntado mil veces por el Escritor… y nada… ni rastro… Ya solo me queda un sitio por investigar… Trash City, la Ciudad sin Futuro… Lo dejé como última opción porque no pensé que nadie se metería por propia voluntad en un lugar donde le están diciendo tan claramente que no tiene futuro… Es de idiotas… pero es probable que el Escritor sea uno de ellos.



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