miércoles, 10 de diciembre de 2014

Casimiro y Rigoberta hacen buena pareja.

Piso 129 Puerta 2

Casimiro y Rigoberta hacen buena pareja… por lo menos eso dicen sus amigos… pero Casimiro vive aquí con Adelaida y Rigoberta, con Narciso… Hoy han quedado todos para cenar en casa de Fernando… que, según sus amigos, hace buena pareja con Queta… pero Fernando está con Asunción… y Queta, con Mariano… que dicen que se lleva muy bien con Luisa, que se fue a vivir con Ulises, que todos saben que hace buenas migas con Diana, que la semana pasada se casó con Tadeo, que todos saben que se lleva muy bien con Eva…

Eva está sola… y vive en el 65º 1ª.





jueves, 4 de diciembre de 2014

Ignatius Caulfield 3

A veces pienso que me gusta que la gente piense que soy un bicho raro; quizá lo haga porque creo que eso le irá bien a mi carrera de escritor, quizá solo esté haciendo marketing de mi vida o quizá lo haga para distinguirme de los demás, porque cuando la gente te cataloga como un bicho raro es como si te pusieran una medalla: “¡Miren, por allí va el campeón de los bichos raros!”, “¡Estuvo encerrado en su habitación sin salir durante tres años para escribir su novela!”, “¡Menudo personaje!”... Pero, realmente, todos somos bichos raros. Jack, sin ir más lejos, hace cosas imbéciles para cruzarse con Rachel al salir del instituto. Pero, claro, a eso le llaman amor y no pasa nada. Igual que Ray Cullingham, del equipo de fútbol, que ya se ha destrozado la tibia cuatro veces. Es deporte, es normal. O Sheila Davies, que quiere ser cantante sin darse cuenta de que eso es imposible (la he oído y sé de lo que hablo). O la madre de James Sutton, que, como la mía, tiene la casa repleta de espectaculares vajillas, exuberantes floreros y frágiles figuritas de cristal. Cada vez que voy a su casa parece que entro en un campo de minas. Hay que ser muy ágil para pasar por allí y no rozar alguna de aquellas piezas. A veces he pensado en lanzarme contra ese montón de cachivaches, solo por saber qué pasaría.

Pero solo lo he pensado, porque no soy un bicho tan raro…

Solo intento encontrar un sentido a todo esto, como todos.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

Calvin Cresta

Piso 119 Puerta 1

Calvin Cresta pasa de todo, está tumbado en una hamaca rascándose los testículos y bebiendo una cerveza mientras escucha el nuevo disco de The Soloist & Four More… Le encanta… aunque piensa que Telele Blackmore debería acortar un poco sus solos de guitarra porque no permite que se expresen los demás músicos… Bueno, eso lo piensa todo el mundo de la música… Menos Telele, claro.

A Calvin Cresta le importa una mierda la guerra… y se caga en todos esos putos artículos y manuscritos que salen en los putos medios de comunicación… Se la suda quién esté construyendo este puto edificio… o si se acaba o no se acaba de una puta vez… Si se acaba, le parecerá de puta madre porque podrá bajar a la puta calle sin tener que aguantar a los putos escépticos intelectuales que han montado este puto follón y que solo buscan puto protagonismo… No entiende que un puto escéptico pretenda adoctrinar a los putos demás… Es de la puta opinión de que eres un puto escéptico o no lo eres… Le revientan las putas medias tintas… y si el puto rascacielos no se acaba en la puta vida y tiene que marcharse a la puta Ciudad sin Futuro… pues se irá… con la misma puta actitud… A su puto rollo… siempre… hasta la puta muerte... y también piensa que algún puto día debería ampliar su puto lenguaje… pero después piensa, “¿para qué?, si se me entiende de puta madre”…

… En todo eso ha estado pensando Calvin Cresta mientras Telele Blackmore terminaba su solo de guitarra.





lunes, 1 de diciembre de 2014

Dr. Bloodfang Van Blackteeth, artista odontólogo.


Piso 118 Puerta 3

Bloodfang Van Blackteeth es artista odontólogo. Acaba de tallar una dentadura de diamantes que simula la escarpada silueta de la escabrosa cordillera de los fastuosos montes de Shitweather… Un encargo muy especial de la Sra. Sperpéntevich, la multimillonaria esposa del multimillonario William Fantoche, un exitoso empresario que posee una inmensa mansión en la planta 33 y que, en estos momentos, está en su estudio tomándose un Bloopsy Perry, un exótico coctel elaborado con 4 partes de vodka desoxigenado, 3 de paté de jengibre, 1/2 lágrima de estatua renacentista y un par de gotas de sudor de banquero, ingrediente harto difícil de encontrar y que el Sr. Fantoche consigue en el mercado negro a través de Filip Worris, el traficante de imposibles que hace sus trapicheos en el 77º 4ª… 

El Dr. Van Blackteeth, después de observar su impresionante obra odontológica, coloca la dentadura suavemente en la boca de la Sra. Sperpéntevich, que, después de partir una barra de acero de tres centímetros de diámetro de un solo bocado, dice: 

—Musshisshimhasss grashiasss, Docsstorssfff Vanfff Blasckffsshtoothssff,eshff ufnaff denfftassdurafff magssnífisscaff…



martes, 18 de noviembre de 2014

Manuel Shevchenko

Mis novelas tienen muchísimo éxito… Vendo cientos de miles de ejemplares en la primera semana de ponerse a la venta… Es increíble… yo todavía no me acostumbro… sobretodo porque las críticas de mis libros siempre son muy malas: que si mis personajes no tienen rostro… que si no doy detalles de los paisajes… que si las conversaciones son absurdas… que si uso mucho los puntos suspensivos… y muchas otras cosas negativas. Que yo recuerde, nadie ha escrito algo positivo sobre mis novelas… A mí las críticas me importan un bledo… sobretodo cuando veo mi cuenta corriente… Ja, ja, ja… Es broma… Lo de la cuenta corriente está bien, pero lo que más me hace despreciar las críticas es cuando mis lectores me paran por la calle y me cuentan sus emociones al leer mis novelas… Normalmente son gente maravillosa y me siento orgulloso de tenerlos entre mis lectores… Ja, ja, ja… Esto también es broma… A mí me importa un bledo quién me lea o no me lea… Yo escribo y los demás que hagan lo que quieran… Ja, ja, ja… Es broma… En realidad me hago el duro… Sí que me importan las críticas… también me gusta que mis lectores reconozcan la sensibilidad de mis libros… aunque algunas personas son un poco exageradas y se imaginan cosas que ni siquiera han pasado por mi cabeza… Me preguntan cosas como: ¿qué ha querido decir con esta o aquella frase?… Yo les digo que da igual, que lo que ellos se imaginan es lo que cuenta… pero no se conforman con eso y siguen queriendo saber por qué tal o cual personaje desaparece de repente y no vuelve a aparecer más… que es algo que hago muy a menudo… Me encanta hacer desaparecer a los personajes… Es como un hobby.

Manuel Shevchenko. escritor.






martes, 11 de noviembre de 2014

Ignatius Caulfield 2

A veces pienso que estoy escribiendo esta novela con algún propósito que no tiene nada que ver con la literatura, que cuando la termine me convertiré en adulto de repente y me marcharé de esta casa. Hace tiempo que pienso en ello, en la conversación que tendré con mi madre antes de marcharme.

—Me voy, mamá.
—¿Dónde? Es la hora de cenar.
—Me voy de casa, mamá.
—Pero no puedes irte. Es la hora de cenar.
—Me voy de casa para no volver.
—Pero tienes que volver, aún no has cenado.
—Me voy de casa para siempre, mamá, quizá no volvamos a vernos.
—Pero, ¿y la cena?, ¿no has visto el reloj? Es la hora de cenar.
—Adiós, mamá.
—Pero no puedes irte. He hecho croquetas.

Después, me dirigiré a la estación de tren y cogeré el primero que venga. Que me llevará a una gran ciudad. Allí me convertiré en un escritor bohemio y solitario y viviré austeramente en los bajos fondos. En el barrio más sucio y maloliente. En un edificio destartalado de seis plantas sin ascensor lleno de camellos, jonkies, prostitutas y personajes así. Dormiré en una minúscula habitación con grandes manchas de humedad por las paredes, un catre, un lavamanos mugriento, una silla, una mesa y una lamparita con una bombilla amarillenta que parpadeará cada diez segundos. El resplandor de las luces de neón de un club de striptease entrará impertinentemente por la ventana durante toda la noche invadiendo mi intimidad. Conoceré todos los antros del barrio y seré un personaje más dentro de un mundo de artistas malditos. Viviré aventuras imposibles y escribiré las novelas más incomprendidas de la historia de la literatura. Posiblemente muera de cirrosis. Eso aún no lo tengo pensado. 

Lo que acabo de escribir es una exageración, claro, pero les juro que a veces pienso que es lo que quiero hacer.

Ignatius Caulfield